2026-10-25 • Artículos de Opinión
Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz: un sabio peruano con proyección internacional
Investigador Rodolfo Castro Lizarbe
Autor / Investigador
Recorrió los caminos incaicos. Dejó descripciones de Chan-Chan, Chavín de Huántar, Huánuco Viejo, Paramonga, Pachacámac, Ollantaytambo y Sacsayhuaman, entre otros célebres monumentos del Antiguo Perú. Navegó en el Titicaca, donde comparó las construcciones de la isla del Sol con las de la isla de Coati. En la isla de Pachacámac halló vestigios de un edificio prehispánico (1842). Incluyó también en su obra Antigüedades Peruanas el informe sobre Kuélap redactado por su descubridor, el doctor Juan Crisóstomo Nieto. El ministro Manuel Ferreyros y el también ministro y rector de San Marcos, José Dávila Condemarín, le franquearon acceso a sus colecciones de antigüedades. A su propia experiencia y al aporte y cooperación de sus contemporáneos sumó una lectura crítica de las crónicas.
Muchas fueron las dificultades que debió sortear. La geografía constituyó un gran reto: el clima, los pésimos caminos, la espesura de los bosques con “árboles que parecen servir de puntales al techo celeste”, fueron algunos de los obstáculos. Faltaban guías instruidos; había un constante estado de alarma por las guerras civiles que asolaban el país, que apenas daba sus primeros pasos en la vida independiente; y en un contexto tan adverso el apoyo económico del Estado resultaba escaso, por lo que tuvo que realizar “grandes sacrificios pecuniarios”. Además de recorrer el Perú por sus investigaciones, sus deberes de funcionario ampliaron su visión territorial, en especial cuando fue prefecto de Junín (1846-1848) y de Moquegua (1848), durante el primer gobierno del Mariscal Ramón Castilla.
Inspirado en tan colosales monumentos e imponentes paisajes, reflexionó a profundidad sobre el pasado, el presente y el porvenir del Perú. Gran conocedor del país, concedió gran importancia a la difusión internacional de sus estudios, en especial entre la comunidad científica, lo que se explica por su formación en Europa durante su juventud. Su hermano Francisco, diplomático en misión en Gran Bretaña y Francia, lo ayudó a la publicación de su obra cumbre Antigüedades Peruanas en Viena (1851). Luego se publicaría la edición en inglés, Peruvian Antiquities (Nueva York, 1853), que tendría varias reimpresiones. Ya anteriormente (1843) se había publicado en el periódico La Colmena, que se editaba en Londres en lengua española, una reseña de la primera edición de Antigüedades Peruanas (Lima, 1841). El propio Mariano E. de Rivero remitió en 1841 al Instituto Histórico y Geográfico Brasileño un ejemplar de Antigüedades Peruanas, otro de su Memoria sobra las aguas minerales de Yura, y otros puntos cercanos a Arequipa, un folleto con estampas y una colección del periódico Memorial de ciencias naturales y de industria nacional y extranjera que había redactado juntamente con Nicolás de Piérola (padre) en 1827-1828. Igualmente, la revista de la Real Sociedad Nórdica de Anticuarios (con sede en Copenhague, Dinamarca, y de la cual era socio) acusó recibo en 1845 y 1852 de sendos ejemplares de las ediciones de Antigüedades Peruanas de 1841 y 1851.
La estadía final de Rivero en Europa, de la que ya no regresaría, sirvió no solamente para que se desempeñara como cónsul en Bélgica sino también para que publicara su Colección de memorias científicas, agrícolas e industriales publicadas en distintas épocas (1857) el mismo año de su deceso. Póstumamente, con lealtad fraternal, Francisco de Rivero se ocupó de la publicación en francés de Antigüedades Peruanas (“Antiquités péruviennes”), por entregas, en la Revue des Races Latines (1859).
“Rivero aparece como el escritor peruano que fue más vastamente leído por un público internacional en el siglo XIX”, sentenció Basadre. Así, no llama la atención que en 1924, en el contexto del centenario de la Independencia, el Colegio de Abogados de Arequipa, su ciudad natal, propusiera la biografía de Rivero (1798-1857), como uno de los temas posibles para su “Concurso Histórico Jurídico Ayacucho”. Sin embargo, en nuestros días, fuera del círculo de estudiosos de nuestro pasado, tan ilustre peruano resulta un desconocido para la mayoría de compatriotas. Situación que debe corregirse por un deber de gratitud hacia los peruanos de las generaciones precedentes que nos legaron ejemplo de tenacidad en sus esfuerzos por comprender el Perú y procurar su prosperidad.
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